martes, 16 de febrero de 2010

I WILL SURVIVE

Venía de vuelta a casa escuchando en el coche una versión discotequera de este clásico de los ochenta, y derrepente me he encontrado sonriendo. Moviendo las manos sobre el volante, y recordando los momentos en los que más bailé y más disfruté esta canción, hace ya unos cuantos años, en la universidad, en casi todos los bares de salamanca, porque donde no la ponían ya me encargaba yo de ir a pedirsela al pincha.Vaya fitipaldi que fui.
Y asi, entrelazando hilos de recuerdos, me he dejado llevar de lo que sentía en aquellos momentos. Nunca pensé que fuese capaz de terminar la carrera. Nunca pensé que fuese capaz de ser médico, y en realidad, nunca se me llenó la boca de serlo. Porque mi historia de amor-odio con la medicina, por raro que parezca, es algo más espiritual que práctico, y porque si hay algo que me sigue impulsando a seguir en esto después de una mala noche de guardia, ese algo, es lo mismo que sentía en esos momentos cuando me despepitaba cantando la canción como una loca en medio de la discoteca, ( vaya fitipaldi bailarina, de nuevo )porque I WILL SURVIVE fue mi grito interior de guerra cuando las cosas no marchaban bien. Cuando con los suspensos venían los fracasos, y con los fracasos, la sensación interior de decirle adiós a un sueño, que en realidad era el que llenaba mi vida. Y ese sueño no era la medicina en sí, sino lo que a mi me impulsó a embarcarme en esta aventura. La aventura de poder ayudar a los demás, de poder hacer con mi vida algo útil, y de poder aliviar el dolor o el sufrimiento de las personas que hay a mi lado. Y es que los tochos de farmacologia, infumables, los miles de músculos del cuerpo, inaprendibles, y las teorías de la saturación del oxigeno, no eran más que la puerta hacia el reto personal de buscar una manera de darme, de entregarme, de expresarme y de aportar un minúsculo grano de arena a la tarea de hacer de la vida de los otros algo un poco más agradable y llevadero, y sin dolor, o sintiendose acompañado en el dolor, la vida es mucho mas bonita.

Los que me conocen bien saben que no me gusta que se me identifique como médico. Que incluso muchas veces he ocultado serlo, bien por timidez o por verguenza,y que otras tantas veces a lo largo del día, y sobre todo de las noches de guardia, preferiría no serlo, pero también saben que no sabría vivir sin serlo, que me desvivo cuando las demás personas me necesitan, que no tengo horas ni limite en los esfuerzos cuando puedo ayudar a alguien, y que a pesar de las pedradas que he recibido, lo volvería a hacer mil y una veces mas, porque es lo que se hacer, lo que he aprendido, lo que intento aprender cada día, y sobre todo, es mi manera silenciosa de estar y de aportarle al mundo...

Asi que hoy que he vuelto a escuchar la canción que me dió parte de las fuerzas para seguir adelante en algún momento complicado, no he podido por menos de subir el volumen de la radio del coche, y tararearla sin cansarme, sin pensar en nada más.

I WILL SURVIVE, miles de versiones de una misma canción, y miles de lecturas de una misma experiencia vital. Y es que, mientras que la lucha vaya dirigida a recuperar, a conseguir, o a escribir una historia de enriquecimiento personal, de superación personal, o de búsqueda de una identidad propia, que sea bienvenida.

De momento, me voy a la ducha y a entregarme a los brazos de morfeo,que se está haciendo tarde y todavía no he cenado. Seguro que me acuesto pensando en la canción y que le doy a tita más de un arrumaco antes de caer rendida. El descanso de la guerrera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario