miércoles, 28 de julio de 2010

VISITA AL VETERINARIO

Día pegajoso hoy, de calor humedo de este que se te pega por todos los lados y te hace sudar a chorros, aunque el cielo está encapotado y llevo unas cuantas horas suplicandole a doña tormenta que llegue ya de una vez, porque va a ser que hoy es mi segundo día seguido de guradia y tengo parte de las neuronas sofocadas, y a la otra parte dándole al abanico sin descanso.

No he podido bucear mucho por este espacio los días pasados porque mi calendario laboral de guardias me ha abducido hasta tal punto, que creo que mañana a eso de las ocho cuando suene la campana y mire con sueño, los tres días de descanso que tendré por delante, voy a dormir durante muchas muchas horas seguidas.
Estan las guardias caprichosas estos días y los veraneantes agobiados por enfermedades múltiples, algunas de verdad, otras no tanto, aunque en realidad han sido unas guardias muy densas con urgencias muy urgentes, asi que no me tengo en pie, vamos. Y dentro de un ratillo a por otras diecisiete horas de trabajo. Lo que tiene el verano, aunque de moemnto no me está flaquendo el animo, y eso que he decidido acabar con mis dos ajos.Si, habeis oido bien. Dos ajos. El priemro, el ajo santo, incorrupto, que me acompaña desde hace meses y que ya está hecho jirones ajiles, ese al que dí unos días de prórroga antes de desacerme de él hace tiempo, porque sus fuerzas espantadoras del mal fario empezaban a flaquear. Y el segundo, un regalo, pensado como sustitución del segundo, cogido directamente de la cocina, pero regalado, que es lo importante, y que mañana mismo se va a la cazuela, porque ayer, de madrugada, llegué a pensar si no sería de plastico.

En fin, que mientras me debato en mil indecisiones acerca del futuro de mis pequeñas hortalizas, estoy recordando la visita al veterinario del otro día, de mi pequeña tita. le tocaban vacunas anuales, y de paso consulta porque está perdiendo tanto pelo, que a veces ni la escoba eléctrica, y ya me parecía a mi que muy normal no era, y lo que menos normal me parecía, es que siga teniendo una mata de pelo, a pesar de todo el que deja por las alfombras.
La pobrecita hecha un gazapillo nada más llegar a la clinica veterinaria porque va a ser que no le gustan las batas blancas, y cuando la ponemos en la mesita de exploraciones, yo que miro con cara de asombro y de ternura, que tenía tanto miedo que hasta le temblaban las orejitas. Veridico. Se acuurucaba a mi lado y se me agarraba tan fuerte que casi no podían auscultarla. El primer resultado, la vacuna, si o si. Y la verdad que se portó como una camepona que ni maullo, ni trató de zafarse, ni gritó cuando la pinchaban. El segundo resultado, pierde pelo porque esta estresada. Ahora tengo que alimentarla con un pienso especial, que tiene un componente de la leche que hace que libere endorfinas y se relaje un poquito. palabras textuales del veterinario, y yo ojiplática, mientras pensaba, que viene a ser lo mismo que un bocadillo de trankimazin. Pobriña.
El día después de la vacuna, fiebrón ( era esperable) y ración extra de mimos. Y ahora, como nueva, una saltinbanqui como siempre, y sin probar apenas el pienso-relajante. Bocaditos. Que vaya cuca que es mi pequerrechita.

En fin, tengo que marchar a comer porque si no, no voy a llegar a tiempo a la guardia. Como esto siga asi, voy a tener que llenar mi nevera multifunción de la comida de tita a ver si nos desestresamos todos un poco, porque vaya telita de guardias que estamos teniendo!!!

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