sábado, 4 de septiembre de 2010

UN GRANITO DE ARENA




Escribo esta entrada con los ojos empañados en lagrimas, y con la emoción a flor de piel. No pretendo que sintais lo mismo que yo. No pretendo despertar a nadie, ni abrir los ojos a otras realidades. Tan solo me sentiría dichosa si consiguese al menos llegar a un corazón, y poder transmiirle lo que estoy sintiendo en estos momentos y lo que he sentido durante todos estos años de lucha silenciosa y personal. Desde hace mucho tiempo soy socia de medicos sin fronteras y colaboro con sus campañas. Cuando hay una nueva campaña me mandan información, y ya aparte de la ayuda económica, trato de hacer llegar al mundo el proyecto en el que me implico. De la manera en que puedo, que seguro que es un granito de arena en medio de un desierto. Pero no desfallezco en el intento de albergar esperanza de pequeños cambios, y de pequeñas gotas de ayuda, ilusión y de pensar que merece la pena.

La campaña en contra de la desnutrición infantil me removió de manera especial por dentro. Y me hizo sentir cosas que todavía me dan la vuelta, me descolocan, me plantean interrogantes y me dan nuevos motivos para seguir colaborando con todo esto.
Los alimentos terapeúticos pueden salvar vidas. Son sobres preparados especialmente para combatir todas las deficiencias alimentarias y asegurar un alimento completo y nutritivo a los niños que no tienen nada para poder comer. Lo más escalofriante son los dos datos. Con solo treinta y nueve euros. Treinta y nueve. Pueden comprarse un monton de sobres de alimento terapeutico y poner en marcha parte del proyecto. Dar la alimentación completa a un niño.

No me asusta contemplar el video. No quiero volver la cara hacia otro lado. Quiero sentir ese escalofrio y quedarme perdida en una mirada que me hace temblar por dentro, y salir un poco de mi comodidad diaria para dar un paso en favor de esos ojos que te esta suplicando ayuda. No quiero dar la espalda a la realidad que me rodea, a pesar de que me devuelve una dosis de sufrimiento. No me da miedo sufrir con esta causa, como con tantas otras, porque se que ese sufrimiento interior se transforma en un impulso para ayudar de alguna manera. Para dar de alguna manera. Para compartir de alguna manera. Puedo echarme a los hombros la mirada perdida de estos niños y caminar con ellos, de alguna manera, sin miedo a que me pese el dolor. Porque me he dado cuenta de que no sirve de nada vivir con los ojos cerrados. Porque me he dado cuenta de que merece la pena ser un granito de arena. Tan solo un granito, si se trata de implicarse, de aportar, de albergar esperanzas, de mirar, pensar o imaginar la sonrisa de un niño.

Animaros a ver el video....quizás tan solo a verlo. merece la pena. Os lo pido como médico, como amiga, como complice....como persona. :-)

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