miércoles, 24 de noviembre de 2010

LA SENDA DEL TIEMPO

Como el titulo de la canción de los "celtas cortos", pero con una visión un tanto más positiva.
Estos días que estoy en Avila, estoy descubriendo con asombro como pasa el tiempo. Y no por mi, que en mi misma no me doy cuenta, sino por los demás.
Estupefacta me quedé ayer, cuando, a la hora de la comida, el plantel televisivo con las noticias de tele-avila al frente, me devolvió una imagen inesperada. Un chico que yo conocia en mis años mozos ( bueno, yo y toda avila, ya se sabe, grupos y pandillas en una ciudad pequeña) , y que derrepente se ha convertido en director de no se que empresa, y que parece un señor. Un señor??? madre mia, supongo que pensarán lo mismo de mi cuando me vean.
El caso es que atónita, yo no hacía mas que repetir, mientras le daba a las lentejas: " pero este chico es fulanitoooooooo? no me lo puedo creer, ojiplática me quedo". Y si, resulta que era fulanito. Y que ojiplática me quedé. ( ojiplático: lo que suele decirse tener los ojos como platos, termino acuñado en mi pequeño diccionario personal)

También esta mañana, mientras leia la prensa local, y tomaba un café en una taberna irlandesa que hay cerca de mi casa, me hacían los ojos chirivitas, observando como menganita, que iba a clase conmigo en el parvulario, ahora resulta que tiene ya uno o dos niños, talluditos ellos, y anda pendiente de otro. Que hay barrigas que delatan.

En fin. Que estos dias, procesión de caras conocidas. Y asombros uno detrás de otro. Aquel chaval de la parroquia, que resulta que hoy es un señor de traje y corbata. y posiblemente director de un banco. O aquella niña que estaba siempre en el último pupitre, que va a ser que ahora me atiende en una farmacia.
Avila es una ciudad pequeña, y aqui nos conocemos todos.

Era de esperar que eso me pasara en algun momento, porque el tiempo pasa para todos. La cuestión es que yo no sabía que me iba a quedar mirando con un ojo para cuenca y con otro para coruña, al ver este despliegue de caras conocidas.

También estan las señoras que te reconocen por la calle, y te dicen " anda....tu eres hija de???....vaya como pasa el tiempo, que alta estas". Y yo que miro mi metro sesenta y pienso " no señora, yo es que alta lo que se dice alta, tampoco soy, y no será que usted ha encogido un poco?" Pero me callo, porque la verdad es que me produce ternura.

En fin. Desfile de personas conocidas estos dias, y re-encuentros con fragmentos del pasado. Me marché de aqui con diecisiete años y ahora tengo treinta dos. Quince años de historia. Quince años de vida. Inmortalizados de miles de maneras, como la fuente que hay detras del arco de san vicente, donde más de una vez me tuve que lavar la cara con su agua helada, antes de ir a casa algunas noches, en que los calimochos me hicieron estar mas que contentilla. O el bar aquel donde siempre quedaba con mi pandilla a jugar al mus las tardes de verano. El camino que llevaba a casa de mis abuelos, y su portal, sus ventanas, lo que fue mi refugio en muchos momentos. La primera casa de mis padres. Mi colegio. Mi pasado. Parte de mi historia.

El otro día por la tarde me compre una bolsa de " pipas calvo" las mejores pipas del mundo, las de aqui, las que todo el mundo come mientras da paseos por la plaza del mercado grande, y me dispuse a rescatar retales de mi historia mientras caminaba por las calles heladas con mi bolsa de "pipas alopecicas" en mano( mi sinonimo particular de las pipas calvo, otro termino acuñado por mi, en mi personal e intransferible diccionario de bolsillo)

Y rescaté momentos, y me comí las pipas. Y me gustó el paseo. Y pensé, en que vaya, como pasa el tiempo, mientras que yo me sigo sintiendo la misma de siempre.

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